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General, Vinos

Vino en Cadaqués: recuperar la tradición para recuperar el territorio

Todo el Empordà, al noreste de Catalunya cerca de la frontera con Francia, ha sido una zona tradicional del cultivo de la vid y de la elaboración de vino. Si bien es cierto que no siempre ha sido un vino de calidad, eso sí, con honrosas excepciones. Incluso en los pueblos más remotos de esta comarca, el cultivo de la vid estaba presente y conformaba el territorio. Un buen ejemplo es Cadaqués, el municipio más oriental de la Península ibérica, y en la actualidad más conocido por ser de los pocos pueblos de la destrozada Costa Brava que se conserva, más o menos bien, aunque la masificación que sufre en verano pone en peligro y poco a poco tal condición. Cadaqués también ha sido un fuerte polo de atracción para artistas de todo el mundo y de todas las disciplinas, sobre todo después de que Salvador Dalí se instalara en el cercano paraje de Portlligat.

En Cadaqués, pues, también se cultivó vid y se elaboró vino, seguramente por el impulso del vecino monasterio de Sant Pere de Rodes, señor de gran parte de la tierras que ahora forman parte del parque natural del Cap de Creus y después de que el propio monasterio propiciara una gran desforestación de áreas pobladas por encinas y alcornoques.

En 1716 hay documentadas 154 hectáreas de viña que fueron, con altibajos en los años intermedios, 376 el año 1879.  Curiosamente el vino que se obtenía se dedicaba básicamente a la exportación hacia Italia para mejorar algunos vinos italianos de baja calidad, a diferencia del que se producía en el resto del Empordà, que se dedicaba al consumo interno. A causa  del difícil acceso por tierra que tuvo el pueblo hasta bien entrado el siglo XX, Cadaqués  y sus habitantes vivían de cara al mar puerta de entrada y salida y de espaldas al resto del país. Se decía que en Cadaqués había gente que nunca había estado en Figueres, capital de la comarca a 33 kilómetros, pero que había viajado a Cuba.

A partir de 1856, la filoxera empieza hacer estragos en las cepas de Francia y eso favoreció a las ampurdanesas, cuyo vino se empezó a exportar, ya no sólo el de Cadaqués. Ilusoriamente, se creyó que la filoxera no traspasaría los Pirineos y no se tomaron las medidas necesarias para crear una frontera sanitaria, arrancando gran parte de la vides para frenar la propagación del parásito. Pero a causa de la plaga que asolaba Francia, el cultivo de la vid era un gran negocio y más que disminuir fue aumentando, aunque en 1858 la filoxera ya dio un primer aviso.

Finalmente, la desgracia llegó en 1880 cuando la filoxera arrasó con gran parte de las vides del Empordà. Eso fue un vuelco histórico. Mucha gente emigró a Argentina y Cuba y ya no volvió jamás. Mientras, la situación en Francia se recuperó y ya no era posible competir con los vecinos del norte. Algunos intentaron plantar cepas americanas, inmunes a la filoxera, pero ya era demasiado tarde. En Cadaqués hubo quien plantó olivos, que aún se pueden ver, pero gran parte del termino municipal quedó abandonado para el cultivo de las viñas, que pasó de ser la actividad principal a ser una actividad complementaria de, por ejemplo, el cultivo del olivo,  la horticultura y la pesca, hasta que la gran helada de 1956 consagró finalmente el pueblo a mayor gloria del turismo. Los bancales y terrazas se abandonaron y la montaña quedó a merced de los incendios forestales que demasiadas veces la han devastado.

Como vestigio de este cultivo han quedado las paredes de piedra seca y la terrazas que jalonan todo el camino de Roses a Cadaqués, en una sinuosa carretera de 17 kilómetros, única vía de acceso terrestre al municipio y que asciende por las laderas del puig Pení, últimas estribaciones de los Pirineos, que finalmente entran en el mar en el Cap de Creus. Sólo con transitar por esta carretera uno se da cuenta de que en algún momento allí se cultivaron uvas, aunque ahora no quede casi ni rastro de ello.

Casi, porque desde hace unos pocos años, una familia de Cadaqués se ha propuesto recuperar el cultivo de la vid y la elaboración de vino de calidad, amparados por la D.O. Empordà. Rafa Martín y Carmen Faixó han creado prácticamente de la nada El Celler Martín Faixó, y digo de la nada, porque en Cadaqués ya no queda nadie vivo que haya visto la elaboración de vino, pero sin duda, como fue muy importante para la vida económica del lugar, ha quedado grabado en la memoria y el acervo de sus habitantes que un día allí se hizo vino. Y de la nada, porque ellos nada tenían que ver con la enología. Tienen un restaurante, Can Rafa, en el propio Cadaqués. Y de la nada, porque tuvieron que preparar su parcela de 42 hectáreas sobre suelo de licorella, plantar vides, respetando la variedades tradicionales de la D.O. y esperar a que estas dieran sus frutos, reformar una antigua masia del siglo XV, en el paraje de la Perafita, que había albergado desde una discoteca a un restaurante, para convertirlo en su celler.  Empezaron de cero, sólo animados por la ilusión de recuperar la tradición de sus ancestros y por el amor a su territorio, a su terroir.

Estos pioneros elaboran básicamente cuatro vinos distintos: Cadac (64% cabernet sauvignon y 36% garnatxa negra), Perafita (garnatxa negra 51%, merlot 36% y cabernet sauvignon 13%) y dos vinos dulces, un moscatel y una garnatxa dulce que se elabora siguiendo el método tradicional, con la recolección y el prensado hecho de forma manual. Y todo esto en un entorno hostil, con una climatología nada fácil, en una zona donde con mucha frecuencia sopla con virulencia la tramuntana.

Es una gozada ver el cambio que ha sufrido la montaña, o más bien la parte de la montaña que ellos cultivan. Un cambio evidente en lo paisajístico y que reafirma la idea de lo importante que son los agricultores, que además de proveernos de alimentos, ayudan a conformar el paisaje de un país. Son sus jardineros. Los Martín Faixó son un excelente ejemplo de como una actividad tradicional puede contribuir a la recuperación de un territorio, y como comentábamos ayer en el post sobre la trufa negra de Sarrión, convertirse en un nuevo motor de desarrollo económico.

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