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Cocineros, Restaurantes

L’Office, una experiencia muy gratificante

No todos los grandes restaurantes son buenos restaurantes ni todos los pequeños restaurantes son malos restaurantes… y viceversa. Una obviedad y una tontería. En el fondo, lo que nos hace decidir si un restaurante es bueno o no, es el resultado de la experiencia que hemos vivido en él. Y todos hemos tenido experiencias decepcionantes en restaurantes estrellados y experiencias sublimes en establecimientos de lo más humilde. ¿Y qué es eso que llamamos experiencia? Pues el conjunto de sensaciones que es capaz de despertarnos todos y cada uno de los elementos que conforman el ir a un restaurante a comer. Lo que comemos, sin duda, pero también el entorno, el servicio, la bodega y todo esto puesto en relación con el precio que pagamos al final. Pero el precio, el valor, es un elemento relativo no absoluto. Podemos sentirnos igualmente felices o vilmente estafados ante una cuenta abultada u otra más modesta.

Por eso hoy les voy a hablar del restaurante L’Office en Barcelona, y concretamente de su menú de mediodía. Si en otras ocasiones he sostenido que es imposible comer bien en un menú de 10 euros, debo reconocer que en L’Office, cuyo menú para el almuerzo cuesta 16 euros (bebida y café a parte, lo que hace llegar la cuenta hasta los 20-25 euros), o incluso 12 euros si se opta por el menú express, la experiencia es de lo más gratificante. Por ese precio, lo que nos ofrece Jérôme Perraurdin su cocinero propietario es brillante.

Se trata de un menú corto, dos primeros dos segundos y un postre, de los que uno siempre es queso, a elegir, pero de una calidad tanto en los ingredientes como en su elaboración que por ese precio es una absoluta maravilla.

Cocina francesa tradicional, cocina de bistrot, en un local minúsculo con las mesas muy juntas como en los auténticos bistrot parisien, seguramente el punto más negativo del restaurante. Pero por ese precio y ese nivel de cocina y cocinero es lo de menos. En L’Office también se puede comer a la carta, pero no ha sido nunca mi caso, aunque me atrevo aventurar que seguramente dadas las condiciones del local y del servicio probablemente, en ese caso, la experiencia ya no sea tan gratificante, aunque las habilidades de Perraurdin antes los fogones sean igualmente inapelables, pues se trata de un chef con escuela, oficio y sensibilidad, pues no se puede ofrecer un excelso menú com el que él ofrece diariamente en su local, sin poseer esos dones.

De todos modos será cuestión de probarlo.

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