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Frikifood

Frikifood: La comida enlatada más frikie del mundo

De todo tiene que haber en la viña del Señor y, por supuesto, también en este blog. Por eso, después de un post como el anterior, en el que sudé sangre sudor y lágrimas para llevarlo a buen puerto, a veces necesito escribir cosas más intrascendentes, más divertidas o más frikies, para desengrasar y no volverme loco. Lo siento, tengo un cerebro frágil.  Por eso me inventé esta sección del blog que bauticé como Frikifood, en la que tanto he hablado de platos extravagantes y carísimos, como de un postre de un insigne cocinero que me pareció muy frikie, y que los dioses de la cocina me perdonen por el atrevimiento, o de los vanos intentos de alguna multinacional hamburguesera por hacerse un lugar en el olimpo de los bocadillos glamurosos. O sea que hoy me propongo hablar de comida envasada, concretamente de comida enlatada.

Muchos pensaréis que la comida enlatada no tiene nada de frikie y es verdad. La socorrida comida enlatada, las conservas de toda la vida, son un recurso más que la siempre bienintencionada industria alimentaria (modo irónico ON) pone a nuestro alcance para cuando vamos justos de tiempo, para el aperitivo o para acercarnos productos lejanos. No han estado exentas, las latas, de cierta controversia, ya que se las ha acusado de todo lo acusable referente a todas las calamidades que cualquier tipo de alimento procesado puede provocar, por ejemplo de causar disfunción eréctil, y hasta alguien tan versado en gastronomía como Gwyneth Paltrow (el modo irónico sigue en ON) llegó a decir que prefería las drogas a la comida enlatada. Pero claro, qué se puede esperar de alguien cuyo nombre empieza con cuatro consonantes seguidas.

Básicamente una conserva es un método para conservar alimentos consistente en calentarlos a una temperatura que destruya los posibles microorganismos presentes y sellarlos en tarros, latas o bolsas herméticas. Debido al peligro que supone el clostridium botulinum (causante del botulismo) y otros agentes patógenos, el único método seguro de envasar la mayoría de los alimentos es bajo condiciones de presión y temperatura altas, normalmente de unos 116-121 °C. Los únicos alimentos que pueden envasarse con seguridad en un baño de agua hirviendo (a presión normal) son los muy ácidos como frutas, verduras encurtidas y otras comidas a las que se ha añadido ácido. La polémica más reciente que han tenido que aguantar las pobres latas ha sido la del bisfenol A, que se usa en la resina epoxi que recubre algunas latas para evitar, oh paradojas de la vida, que el acero o aluminio con la que se hacen contamine los alimentos que contienen, y que como siempre en estos casos tiene detractores y defensores de su uso alimentario. Pero como hubiera dicho Napoleón, dos cientos años de historia nos contemplan y las latas hacen más o menos ese tiempo que adornan los anaqueles de nuestras despensas. Las conservas probablemente mucho más.

No es mi objetivo en esta ocasión iniciar un debate sobre si la comida enlatada es saludable o no, precisamente por el hecho de estar contenida en un recipiente metálico o de cristal, no porque no sea un debate importante, los temas de seguridad alimentaria siempre lo son, sino porque me apetece más hablar de lo que hay dentro del envase no del envase en sí. En el Estado español, a diferencia de otros lugares, las conservas  pueden constituir en ellas mismas un producto gourmet y hay latas que contienen auténticas joyas y delicias gastronómicas a precios considerables. Aquí lo enlatamos todo o casi todo: mariscos, verduras, pescado, hortalizas, setas, etcétera, pero, como os voy a enseñar a continuación, el universo de lo enlatado no termina en los espárragos cojonudos, las anchoas del cantábrico ni en los berberechos de la ría gallega, por citar algunos ejemplos.  El mundo es grande y ancho y por ahí se enlatan cosas de lo más sorprendente:

Sesos de cerdo en salsa de leche

Si sois de los que os gusta jugar a la contra y  seguir alguna dieta para tratar de maximizar el nivel de colesterol, aprovisionaros con unas cuantas latas de sesos de cerdo en salsa de leche de Rose y obtendréis aproximadamente el 1,170 por ciento de la recomendación diaria en una sola porción. Y por 2,69 miserables dólares. Los interesados los pueden comprar aquí

Carne de serpiente de cascabel

rattle

Si siempre has querido probar la carne de la mortal serpiente de cascabel, pero no tienes las habilidades necesarias (o directamente no tienes los huevos) para cazar una tú mismo, la opción es comprar algunas latas de carne ahumada de serpiente de cascabel del salvaje Oeste de la marca Dale aquí. Cada lata 14,50 dólares.

Bocatas enlatados

Todos hemos comido alguna vez una Bollycao, ¿verdad? Pues esto es lo mismo pero metido en un lata y con tres sabores para elegir: fresa, uva y pollo, los tres con mantequilla de cacahuete. Cuatro por 10 dólares, aquí.

Culos de pescado

Vamos a ver hijos de Dios. Los peces quizás tienen recto, pero, caray, ¡no tienen culo! A pesar del aspecto legítimo de la lata, no és más que una broma.¡Eso sí sería trash food! O sea que si alguien se había emocionado y estaba deseando comprar unas latas, que se olvide. Lo que sí se pueden comprar son etiquetas para pegar en cualquier lata que contenga lo que os venga en gana y reíros un poco a costa de algún ingenuo. Lo podéis hacer aquí.

Carne de cocodrilo al estilo cajún

Los que lo han probado dicen que la carne de cocodrilo, como la de serpiente, se parece al pollo. Esta, además, esta preparada al estilo cajún, un preparado de hierbas (yerbas que hubiera dicho Juan Ramón Jiménez), picante y típico de New Orleans.

Cheesburguer enlatado

Para lo ques no pueden vivir sin su cheesburguer ni cuando se van de acampada, precisamente una empresa especializada en productos de acampada creo esta haburguesa enlatada, lista para comer. Por cierto, dudo mucho que el contenido de la lata tenga un aspecto tan lozano como el de la fotografía.

Lenguas de cordero

Esto tampoco debería extrañarnos mucho, ¿no? Lo que se conoce comúnmente como casquería es también muy habitual en todo el estado español. La lengua de ternera se usa en Catalunya en la elaboración de algunos embutidos y se come hervida y estofada, por ejemplo. Y sin muy lejos, elBulli servía colas de cerdo en una de sus últimas temporadas. Vale, quizás estemos más acostumbrados a ver todo este tipo de productos frescos y no enlatados, pero más allà de eso, a nosotros también nos gustan.

En fin, tampoco quiero dar mucho más la lata (qué chiste más ocurrente, ¿verdad?). La lista podría ser harto más larga, pero ¿para qué?. Sólo una curiosidad más sobre el apasionante mundo de los alimentos enlatados. El abrelatas se inventó treinta años más tarde que las latas. Hasta entonces, se tenían que abrir a golpe de bayoneta, de martillo, con un martillo y un cincel…. Y después, alguien inventó esto del abrefácil, sistema gracias al cual maldecimos el día en que decidimos desprendernos de todos nuestros abrelatas, también de aquel eléctrico que tía Enriqueta nos regaló en Navidad y gracias al cual, tener un abrelatas en casa se ha hecho aún más necesarios como nunca, como se demuestra en el vídeo que os dejo a continuación.

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