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La mona de pascua, ¡Eid mubarak!

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Cuando el otro día escribía sobre el absurdo que quizás suponía intentar pretender que la cocina catalana fuera declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por lo que me gané el regaño, siempre amable y ponderado, de mi padre que hasta me dejó un comentario en el blog, lo hacía pensando en cosas como sobre las que voy a escribir hoy. Por muy arraigado que creamos que hay algo en nuestra cultura y en nuestra gastronomía, y por mucho que pensemos que casi nos pertenece en exclusiva, siempre nos vale más echar una miradita a nuestro alrededor, pues corremos serio riesgo de caer en el provincianismo más ridículo. Y el ámbito del mar Mediterráneo, uno de los pocos mares que define tantos rasgos culturales similares entre todos sus pueblos ribereños, es un buen ejemplo de lo que digo. Por ejemplo los arroces. En todo el litoral mediterráneo de la península ibérica, o como mínimo en todo lo que sería la costa levantina y catalana, se cocinan platos de arroz en recipientes mucho más anchos que altos y cuya base es un sofrito, el arroz, ingredientes que varían según la zona y todo cocido en un caldo o agua. Por no hablar de los arroces de montaña que siguen el mismo principio que las “paellas” de la costa. Otro ejemplo serían las pizzas, ejemplo universal de la cocina de aprovechamiento, aquella que se hace para sacar partido a aquello que ha sobrado o los restos que corrían por la despensa antes de que se pierdan definitivamente, y que todos asociamos a Italia, pero no podemos olvidar las cocas de recapta que se hacen el el poniente catalán y que son prácticamente lo mismo, quizás sin queso.

Y estamos en Semana Santa y el lunes de pascua muchos niños catalanes recibirán de sus padrinos su mona…  Pero, oh sorpresa, para muchos catalanes claro, no sólo en Catalunya y no sólo el lunes. Quizás también el domingo de resurrección. La de la mona es de las tradiciones más arraigadas en Catalunya y tengo la sensación de que muchos creen que además es una tradición exclusiva de Catalunya, pero veremos que no es así y que otra vez el Mediterráneo delimita su territorialidad.

Sin querer dar una lección de etimología, todo parece indicar que la palabra mona vendría del latín munus, no del griego como he leído por ahí, que significaría presente o regalo. Quodlibet munus, cualquier regalo; qui munera accipiunt, los que aceptan regalos; muneror honoris causa, ser honrado con regalos (no intentéis hacer esto con Google Translator, os haréis daño, os lo prometo). Es obvio que la mona es un regalo que los padrinos hacen a su ahijados, pero eso no explica por qué y por tanto quizás haya que ir a buscar su significado un poco más lejos, pero no mucho.

monadepascua2Es mucho más probable que, la tan nostrada mona venga del árabe munna (no confundir con el Pokémon del mismo nombre) que indicaba el conjunto de presentes que recibían los sultanes o el regalo que los moriscos hacían a sus señores con motivo de la celebración del Eid-el Fitr,  el primer día del mes después de concluido el mes de Ramadán, para celebrar el final del ayuno anual. Es un día en el que los niños reciben regalos y dulces y en el que se hace un donativo o regalo (sadaqatul fitr), que necesariamente tiene que ser comida, a huérfanos y necesitados, para que todo el mundo pueda celebrar el fin del Ramadán. Y todo el mundo se saluda con un jubiloso !Eid mubarak!, algo así como felices fiestas o felices pascuas. ¿Les suena? Aunque hay lugares en que la mona se come todo el año, como por ejemplo en Alberic en la Ribera Alta, lo más común es que se entregue el último día de la pascua, que en algunos es el domingo de resurrección, pero que en Catalunya es el lunes de pascua. Simboliza el fin de la cuaresma y sus privaciones, del mismo modo que la munna islámica simbolizaba la del Ramadán y la suyas. O sea que aquí tenemos la otra paradoja, aunque totalmente lógica si tenemos en cuenta la enorme huella que el islam dejó en toda la Península: la más grande celebración católica de todas, o como mínimo aquella con un sentido religioso más profundo, termina con una celebración de raíces y orígenes, sino calcada, del islam. Tampoco nos debería extrañar tanto, pues a la ya mencionada impronta que el mundo islámico dejó durante siete siglos de presencia, hay que añadir que el cristianismo (la leyenda asegura que Simón el Cireneo, que ayudó a Cristo a trasladar la cruz hasta el Calvario, tenia como oficio el de vendedor de huevos), el islam y el judaísmo (en la pascua judía se conmemora la salida de Egipto), las tres religiones del libro, es lógico que compartan algo más que la adoración por un único y mismo Dios.

Ahora tocaría hacer un poco de repaso de cómo ha evolucionado la mona a lo largo del tiempo, pues tal y como la conocemos en la actualidad  es una versión realmente muy reciente. La cosa viene de antiguo, puesto que en en el Diccionario de la Lengua española de la Real Academia, en su edición de 1783 y en la página 644, ya aparece definida la mona como:

MONA p. Val y Mur La torta o rosca que se cuece en el horno con huevos puestos en ella en cáscara por pascua de flores que en otras partes llaman hornazo. Placenta vel spira paschalis integris ovis coronata

Monadepasqua1Curiosamente, la definición no hace referencia a Catalunya, sólo a Valencia y Murcia. ¿Estaremos ante una tradición catalanísima que viajó de sur a norte? Precisamente, la “receta” que cuenta la definición anterior es la mona tradicional y original y que desde hace unos años algunas pastelerías de Catalunya, que yo conozca, han recuperado, cosa que por cierto a los niños les jode que no veas, pues ellos los que quieren es su chocolate. Una masa esponjosa cocida al horno, que veces tenía la forma de una animal como los pains d’épice franceses y que se decoraba con huevos enteros, con cáscara y todo. En algunos lugares de Catalunya (en el Penedés) se la conoce por garlanda, y aunque se cocinan garlandes todo el año, normalmente era el tortell típico de la mona de pascua.El número de huevos dependía de la edad del niño, hasta los doce años, cuando el niño recibía su mona con trece huevos como símbolo de que era la última. Hay quien opina que los huevos simbolizan el inicio de la vida, papel que bien pueden representar los niños o también, dentro del contexto del catolicismo, la resurrección de Cristo es considerada como el inicio de una nueva vida.  Es a principios del XIX cuando las monas pierden su sencillez inicial y se empiezan  a enriquecer con adornos de azúcar caramelizado, almendras azucaradas, confituras, guirlache, anises plateados y, desde luego, los huevos de Pascua pintados, todo ello coronado por figuras de porcelana, madera, cartón o tela. Desde tiempos muy remotos, en muchas culturas, el huevo simbolizaba nacimiento y resurrección. Los egipcios enterraban huevos en sus tumbas y los griegos los colocaban sobre las sepulturas. A principios de la década de 1880, en ciertos lugares de Alemania los huevos de Pascua sustituían los certificados de nacimiento. Una vez teñido un huevo con un color indeleble, se grababa en la cáscara, con una aguja o un punzón, una inscripción que incluía el nombre y la fecha de nacimiento del destinatario. Estos huevos de Pascua eran considerados en los juzgados como prueba de la identidad y de la edad.

En Barcelona, destacaron en la confección de la mona Agustí Massana, que tenía su acreditada pastelería en la calle de Ferran y otro excelente repostero,Medir Palet de la calle de Avinyó. Con el tiempo, Massana consiguió un gran éxito con sus monas rematadas por una figura caricaturesca, no pocas veces inspirada en algún político de la época, que movía afirmativamente la cabeza. Fueron conocidas como “Sí, señores”. En cambio, el muy antiguo Forn de Sant Jaume presentó siempre unas monas más clásicas y tradicionales, con su pastel elaborado mediante una fórmula secreta de la casa, a la que se daba el nombre de “pasta cristiana”.  Lo de que los huevos fueran de chocolate ya es mucho más reciente, probablemente de finales del siglo XIX, principios del XX y el auténtico frenesí de figuras de todo tipo de nuestros días mucho más.

En Valencia existen diversas variedades, siendo la que se consume durante todo el año conocida como panquemado o toña. La que se consume durante las fiestas de Pascua es un bollo elaborado con la misma masa que el panquemado que lleva uno o varios huevos (dependiendo del tamaño) con la cáscara pintada (huevos de Pascua). Estos huevos son introducidos como elemento decorativo aunque también ayudan a dar forma al dulce. Y en otras zonas de España, especialmente en las dos Castillas y hasta en Andalucía tienen los hornazos, que además tienen la particularidad de que no tenían que ser dulces necesariamente, ya que son más como una empanada.

Con todo, parece que el de la mona fue un viaje  de ida y vuelta, ya que  los valencianos, así como muchos menorquines, que emigraron a Argelia durante el XIX y que en buena parte se establecieron en Orán, llevaron allí la mona y la costumbre de ir a comerla al campo el día de Pascua (“casser la mouna”, en el lenguaje de los pies negros). De hecho, en los recetarios argelinos actuales, tanto de Argelia como los escritos por los pies negros (regresados), siempre aparece la mona, a parte de otros platos típicos de los Països Catalans.

Mona-de-PascuaVoy a terminar con un apunte muy personal. Yo viví durante mucho tiempo al lado de una pastelería: la Pastisseria Pallerés en Barcelona, en la tienda que tenían y tienen en la calle Urgell. Allí oficiaba un hombre, Venanci Pallarés, de una habilidad extraordinaria con el chocolate. Cada año, poco antes de Semana Santa, en la vitrina de su tienda exponía una mona espectacular. Un año fue un helicóptero, otro fue una reproducción de un Concorde y un año fue la locomotora cuya imagen encabeza este post . He estado hablando con él y me ha contado cómo la hizo. Tardó aproximadamente un mes, lo que me parece un tiempo muy corto para una obra de esta embergadura. No hizo ningún tipo de plano ni esbozo. Su modelo fue una maqueta de la misma locomotora, de esas de los trenes de juguete, a una esquela mucho más pequeña obviamente. Tampoco usó ningún tipo de molde, sólo algunos para la piezas más cuadradas. Todo lo hizo moldeando las piezas una a una con prácticamente la punta de un cuchillo. Para que la figura tuviera un poco más de consistencia sólo uso dos pequeños travesaños de madera que también quedaron recubiertos de chocolate. Todo el resto era de chocolate. Realizó la locomotora y un vagón, que se expusieron en el salón Alimentaria del año 1980 o 1981, no lo recordaba bien, que no cupo en el expositor de la pastelería, donde sólo se pudo exhibir la locomotora. En mi mismo edificio había y hay un parvulario. Venanci cada año regalaba la mona, a esos niños que el día antes de terminar sus clases bajaban a la pastelería y rompían la mona, ante la mirada complacida del propio Venanci y su esposa Ana, que repartía trozos de chocolate entre padres y clientes amén de lo canapés que había hecho para la ocasión. De todas formas, la mona era invendible, así que mejor que alguien la disfrutara y probablemente ese era el espíritu de la festividad de Eid-el Fitr, ¿no? Así que ¡Eid Mubarak! a todos.

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