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El animal que cocina

Siempre me ha parecido asombroso el trabajo de los paleontólogos y los arqueólogos que se dedican a excavar yacimientos prehistóricos. Me parece extraordinario que con tan poco puedan saber tanto y con tanta precisión de nuestros antepasados. A veces me pregunto si no habrá, y que me perdonen por el atrevimiento, una parte de fantasía y de suposición en esas afirmaciones tan severas que hacen sobre cómo vivían y cómo eran nuestros antecesores. Supongo que a veces es inevitable tener que imaginar cómo eran las cosas, pues estamos hablando de seres que vivieron hasta hace siete millones de años. ¡Ahí es nada! Me pasa lo mismo cuando oigo, por ejemplo, a un paleontólogo hablar de un dinosaurio y no ya de sus características estrictamente morfológicas, que obviamente se deducen de las estructuras óseas fosilizadas encontradas por el ancho mundo, sino que muchas veces nos dan información, por ejemplo, sobre cuáles eran sus hábitos sociales como si lo hubieran estando observando la semana pasada como quien estudia a una mandada de ñus en el delta el Okawongo, pero con la pequeñísima diferencia que los dinosaurios habitaron la Tierra hace más o menos 65 millones de años.

Y me preguntaba yo hasta qué punto estos hombres y mujeres  admirables serían capaces de fechar el nacimiento de la gastronomía y si este se puede datar antes de la época histórica. El análisis de los restos fósiles de los yacimientos, las dentaduras, la forma de la mandíbula o el análisis de excrementos se ha revelado muy útil para saber qué comían los hombres de la prehistoria, pero no sé  si nunca antes se ha hablado sobre cómo preparaban o condimentaban los alimentos, más allá de para evitar que se pudrieran, lo que sin duda indicaría el nacimiento de la gastronomía. Este motivo y  preparar una entrevista con alguien que seguro podrá despejar con solvencia esta incógnita, fueron los motivos que me llevaron a leer El animal que cocina. Gastronomía para homínidos, del biólogo bilbaíno Eduardo Angulo.

De este libro hablé cuando apareció en las librerías, pero no lo había leído. No hasta ahora.  Decía yo en aquella ocasión que El animal que cocina pintaba muy interesante, pero digamos que no me aplique a mi propio entusiasmo inicial y hasta la fecha no me había decidido a leerlo. De hecho desde que lo compré, el libro había estado circulando por distintas estanterías, mesas y mesillas de casa, como en capilla, a la espera de que le llegara la hora de que, por fin, me decidiera a leerlo. A veces hay cosas en esta vida que son premonitorias y si ni lo leí cuando se publicó y si tardé tanto en comprarlo y si una vez después de comprado y hojeado no terminaba de decidirme a leerlo, por alguna cosa debía ser. La verdad es que el libro no ha terminado de colmar todo el interés inicial que había suscitado en mi.

El libro trata de desarrollar dos asuntos distintos, qué comían y cómo comían los primeros homínidos, hasta la aparición del homo sapiens, y termina el recorrido justo al principio de lo que se conoce como la época histórica con el nacimiento de las culturas mesopotámicas. Hay que decir que en el primero de los asuntos el libro cumple sobradamente su objetivo, y hasta nos propone recetas que podemos hacer hoy que tratan de reproducir la dieta de cada periodo. En el segundo de los propósito es donde creo que el libro es más flojo, seguramente porque es donde el autor echa más mano de esa fantasía de la que hablábamos antes y que él mismo, en un gesto de honestidad, reconoce haber usado.  Probablemente lo más interesante del libro se concentre en el primer capítulo de la introducción, donde Angulo plantea un montón de preguntas interesantes e hipótesis curiosas, que por desgracia después se quedan un poco en nada.

De todos modos el libro aporta valiosa información sobre la dieta, pero en esta caso estaríamos hablando de nutrición no de gastronomía y además está escrito de una forma amena y con un buenas y bien administradas dosis de humor que hacen  la lectura muy amena.

Ficha del libro

El animal que cocina. Gastronomía para homínidos
Eduardo Angulo

2009

ISBN: 978-8496822658
134 páginas
11,30 € (IVA incluido)

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