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Productos, Utillaje

Sodastream: guerra verde (sucio) a Coca-Cola

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Nunca he sido un talibán del ecologismo. Imagino que en el fondo me gusta demasiado el confort y el bienestar: mi calefacción en invierno, mi aire acondicionado en verano, tener nevera, coche, viajar en avión cuando se puede. Todo ello muy contaminante, lo reconozco. Y además, también confieso que no clasifico la basura y no pongo cada tipo de residuo en su correspondiente contenedor para su posterior reciclaje. Admito que, además, es por pura pereza. En el fondo, creo que tengo asumido que el progreso y el bienestar llevan asociados de forma inevitable cierta destrucción del planeta, que  es el precio a pagar por el progreso. Pero por otro lado, me gusta comer y la comida y aquí si entiendo que la relación entre alimentos de calidad y respeto medioambiental están estrechamente ligados. La producción industrial aplicada a aquello que comemos sí que es algo que me preocupa, aunque debo reconocer, una vez más, que tampoco es que predique con el ejemplo y que la despensa de casa se surta exclusivamente de productos ecológicos. Además de más caros no son siempre fáciles de conseguir y tiempo y dinero es algo que no sobran en mi vida. Empiezo a darme cuenta de que soy algo inconsistente. ¡Vaya por Dios! Pero quizás estemos llevando las cosas demasiado lejos y haya que empezar a buscar la manera de hacer que nuestro progreso y bienestar sean ecológicamente sostenibles a menos que queramos legar a nuestros hijos un erial.

Es más que obvio que aquí todo el tema del packaging es un elemento fundamental. La cantidad de envases, bolsas de plástico y bandejas contenedoras que usamos o que nos obligan a usar ya se ve a simple vista que no es algo que digamos sea muy sostenible. Y por desgracia, uno tiene la sensación de que muchas veces las iniciativas que en este sentido toman muchas grandes superficies y  marcas están más relacionadas con una estrategia de marketing que con una preocupación medioambiental real. Y es que la preocupación por el medio ambiente se ha convertido en un elemento de mercadotecnia muy importante, no ya sólo en la industria alimentaria, sino para vendernos cualquier cosa.  La única esperanza que nos queda es pensar que, en el fondo, si la ecología y el respeto por el entorno se han convertido en un elemento que todas las compañías tratan de destacar en sus productos es porque, finalmente, esta es una preocupación que en mayor o en menor medida se ha instalado en nuestra sociedad de consumo y esperemos que sea para quedarse.

Por eso hoy quiero hablaros de un producto que precisamente hace de la sostenibilidad y del ecologismo el principal elemento de su estrategia de marketing. Vaya por delante que ni lo he probado y que escribo este post libremente sin recibir ninguna contraprestación por parte de la compañía que lo fabrica ni tampoco por parte de la competencia.

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Descubrí Sodastream por casualidad. En la web de 10 Sentits, leí un artículo sobre una compañía que producía una máquina para hacer refrescos carbonatados en casa y que había empezado a poner nerviosa a la propia The Coca-Cola Company.  Según Sodastream, una familia tipo consume en cinco años algo más de 10.000 botellas y latas de refresco y que desde su irrupción en el mercado Sodastream ha ahorrado al mundo algo más de 1.800 millones de botellas y latas. Hay que admitir que es una cifra que impresiona, pero habrá que ver que hay realmente detrás de la misma.  Además sostiene que el agua embotellada no es más saludable que el agua del grifo, ya que “de hecho, tanto la regulación y la elaboración de la seguridad del agua embotellada es más débil que la seguridad  y la regulación del agua corriente o del grifo”, cosa que personalmente me parece, como mínimo, extraña. Además, argumentan a su favor que para poder fabricar todas esas botellas de plástico, sólo en EE.UU en el año 2008 se consumieron 17 millones de barriles de petróleo, amén del que se consumió para transportar las botellas de agua a las tiendas y el que consumieron los compradores para llevárselas a casa. De todos modos, de todo el petróleo que se consume en el mundo, sólo el 4% se destina a la fabricación de todo tipo de plásticos y el porcentaje que se destina a la fabricación de botellas para bebidas de todo tipo es sólo el 0,0016% del petróleo que se consume en todo el planeta, según Petcore. Me parece que hay, pues, frentes más urgentes en los que fijarse, si queremos reducir las emisiones producidas por los combustibles fósiles.

Por lo visto no soy el único que no recicla y en los EE.UU, el 80% de las botellas de plástico termina en los vertederos y no se recicla, con las consiguientes emisiones de gases invernadero a la atmósfera y la pupita para la capa de ozono. De todos modos, desde hace algo menos de diez años, ya hay compañías que producen PET reciclado, la resina con la que se fabrican las botellitas de marras, tanto a partir de las botellas que la gente pone en los contenedores como de las que terminan sus días en los vertederos. En este caso, al contrario de lo que pasa con otros productos reciclados, producir PET reciclado no consume más recursos energéticos que producir PET virgen. Los únicos peros del PET reciclado son que no se puede reciclar indefinidamente y que no se puede usar solo, siempre se tiene que combinar con PET virgen.

Por lo que respecta a la latas, estas están hechas en su mayoría  de aluminio (un 70% de las que se consumen en Europa) que sí es un material reciclable hasta el infinito y más allá  y cuyo reciclaje sólo consume un 5% de la energía necesaria para extraerlo de su estado natural. Además las latas de aluminio sí tienen una tasa de reciclado muy alta que se sitúa en el 70% de media en Europa (un 57% en España), según la European Aluminium Association, que se ha fijado como objetivo que en el año 2020 la tasa de reciclado de las latas de aluminio llegue al 80% para la Europa de los 27, más los países EFTA y Turquía.

250x250-02Pero no basta, o no debería bastar, llenar tu página web de verde y de sellos con el lema Earth Friendly  y  hacer proclamas más o menos a ampulosas acerca de que el reciclaje es mejor que nada, pero que  el gran objetivo de Sodastream es un mundo sin latas ni botellas, para convencernos de que su preocupación por el medioambiente no es más que puro marketing. Siempre resulta más convincente hacer público el balance energético o lo que es lo mismo la llamada huella de carbono. Sodastream en su web corporativa declara que por cada litro de refresco de cola light hecho con una de sus máquinas, este tipo de refrescos emiten menos emisiones ya que la producción de edulcorantes produce menos emisiones que la producción de azúcar, se liberan a la atmósfera 100 gramos de dióxido de carbono, mientras que por su lado The Coca-Cola Company en el Reino Unido reconoce que con su envase más eficiente, la botella de dos litros de Diet Coke, se emiten 400 gramos de CO2, lo que implica unas emisiones de 200 gramos por cada litro de refresco. Pero si tenemos en cuenta que en el caso de Coca-Cola, entre un 30 y un 70% de las emisiones son imputables al packaging, en el caso de una lata de 330ml es del 56%, la cifra se reduce considerablemente, ya que si tomamos el valor más bajo posible quedaría en 140 gramos de dióxido de carbono por litro de Diet-Cola  y ya no  tan lejos de los valores de Sodastream. De hecho hay un dato curioso: según la propia The Coca-Cola Company sus emisiones de CO2 a nivel mundial en 2010 fueron de 5,20 millones de toneladas métricas. Si hacemos una estimación del consumo de Coca-Cola en todo el mundo ese mismo año, a partir de datos de la propia empresa, se puede cifrar el consumo en 20 litros per cápita y año,  y por tanto establecer que se bebieron aproximadamente 136.748 millones de litros en todo el mundo, lo que nos daría una huella de carbono de 38 gramos por litro.

Nunca me había encontrado hasta la fecha una compañía que apostara tan fuerte por el eco marketing o que hiciera tanto énfasis y de forma tan agresiva en las ventajas medioambientales de sus productos como Sodastream, hasta el punto de hablar casi nada o muy poco del producto en sí. Y por ahí les han venido los problemas. Han apostado muy fuerte por una campaña de street marketing, amén de buscar la complicidad de Susan Sarandon conocida por su activismo en todo tipo de causas,  que ha consistido en la instalación de unas jaulas, the cage las llaman,  en diversas ciudades del mundo llenas de latas y botellas de refresco usadas. Por la que hay en el aeropuerto de Johannesburgo, la filial de Coca-Cola en Sudáfrica les ha demandado con el argumento de que, a pesar de que las latas fueron recogidas en la calle, esas no dejan de ser propiedad de The Coca-Cola Company y que por tanto resulta ilegal usarlas en un campaña publicitaria que ataca directamente a su legítima propietaria con argumentos que según Coca-Cola carecen de todo fundamento, lo que representa un uso ilegítimo de sus marcas registradas.  Daniel Birnbaum, CEO de Sodastream, ha replicado  que “hace falta algo más que la carta de un abogado para hacerme callar” y con cierta ironía que si “pretenden tener derechos sobre su propia basura, entonces deberían realmente disponer de ella y limpiarla. En lugar de darnos las gracias por limpiar [su basura], lo que recibimos es la notificación de un abogado”.  Esta gente o realmente tienen una conciencia medioambiental muy grande o un morro que se lo pisan.

La capitalización en bolsa de Sodastream apenas alcanza el 1% de la de The Coca-Cola Company, de todos modos, según ellos ya están presentes en 39 países y “Sodastream provee cerca de 600 millones de litros de agua carbonatada a más de 8 millones de hogares. De ésta manera SodaStream es una de las compañías de bebidas más grandes del mundo”.  Yo no sé si estos datos son suficientes por si solos para poner realmente nervioso el gigante estadounidense  y por tanto me pregunto si el eco marketing tan agresivo que usan contra él y la más que esperable respuesta por parte de la multinacional de Atlanta, no ayuda a Sodastream a alimentar la idea engañosa de que Coca-Cola los percibe como una amenaza comercial real.

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Y a fin de cuentas, ¿en que consiste el sistema Sodastream? Algunos la llaman la Nespresso de los refrescos carbonatados. De hecho en Estados Unidos disponen de un sistema de capsulas, SodaCaps, muy parecido al que usa la conocida cafetera. Comparte con Nespresso  los principios mercadotécnicos del do it yourself y el hecho de que sea fácil y divertido de usar,  a parte de las ya mencionadas ventajas medioambientales. Sodastream es un sistema para hacer refrescos en casa que parte de una máquina que funciona sin electricidad (más protección del  medio ambiente), aunque existe un modelo más sofisticado que sí la usa y otro que está  fabricado en su gran parte con componentes hechos de materiales reciclados, con unos cilindros gasificadores de CO2  de aluminio  (¿reciclado?) con una capacidad de 60 litros de gas comprimido. A partir de aquí, basta con conectar el cilindro a la máquina, rellenar una botella de PET (¿reciclado?), que ellos mismos proporcionan, con agua del grifo y pulsar el botón de gasificación una o más veces en función del grado de carbonatación que queramos. Terminada esta operación ya disponemos de agua con gas. Para tener un refresco, basta con añadir un tapón de algunos de los más de 100 siropes de sabores distintos que venden, en España sólo están disponibles 13, en envases de medio litro y que permiten preparar hasta 12 litros de refresco, agitar la botella para que se mezcle el sirope y ya tenemos nuestro refresco listo para beber.

Otro de los puntos fuertes que destacan es que no es necesario ir cargado desde la tienda hasta casa con decenas de latas y botellas de ni que el supermercado nos las traiga con, otra vez, el ahorro en emisiones que eso implica, y que tampoco hace falta almacenar grandes reservas de refrescos en casa, ya que, como ha quedado dicho, con una botella de 500ml de sirope que se puede reciclar , tenemos disponibles en cualquier momento hasta 12 litros de refresco. Además afirman que se ahorra mucho dinero, puesto que la botella de sirope cuesta 5,99 euros, por lo que el litro sale a algo menos de 50 céntimos de euro. No sé si termina de ser cierto, la verdad. Por ejemplo, en Carrefour se vende un pack de 4 botellas de 2 litros de Coca-Cola Zero por 4,60 euros. Eso quiere decir que el litro sale por 57 céntimos. Pero en el caso de Sodastream hay que añadir el agua, que por muy del grifo que sea no es gratis, y la parte correspondiente de gas carbónico, ya que el primer cilindro nos lo regalan al comprar la máquina, pero los siguientes salen a 12,99 euros si devolvemos el cilindro vacío o a 32,99 euros si compramos un cilindro sin retornar el usado una vez vacío. Eso siempre que no prefiramos un refresco de las denominadas marcas blancas. En el miso Carrefour, el litro de refresco de cola sin azúcar de la marca de la propia cadena sale por 25 céntimos. La mitad que el litro de Sodastream.

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O sea que ahorro más bien poco. Si damos como buena la cifra de 20 litros de refresco de cola per cápita y aceptamos que Sodastream es 7 céntimos más barata, al final el ahorro es de 1,40 euros per cápita al cabo del año. En una familia de cuatro miembros sería de 5,60 euros al año.

Y aunque el precio y los supuestos beneficios ecológicos pueden ayudarnos tomar nuestra decisión de compra sobre cualquier cosa, al final muchas veces lo que puede resultar más determinante es la calidad del producto, o sea, si está bueno o si no lo está e incluso que el producto en sí sea sano y nutritivo. Nos nos volvamos locos. Estamos hablando de refrescos no de alimentos sanos y  nutritivos o sea que no podemos esperar gran cosa. En el caso de Sodastream tampoco. No puedo opinar sobre el sabor, porque como decía al principio no he probado ningún refresco hecho con el sistema Sodastream. Pero lo que si puedo, porque Sodastream publica los ingredientes y las propiedades nutricionales (sic) de sus jarabes, es comparar los de Coca-Cola Zero y el refresco con sabor a cola zero de Sodastream.

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Queda claro que no hay mayores diferencias. Incluso el refresco de Sodastream contiene más calorías que el refresco de Coca-Cola. En ambos casos el mejunje habitual de aditivos y colorantes artificiales. En favor de Sodastream, que últimamente empiezan a usar stevia, el edulcorante de moda de origen vegetal, en algunos, no en todos, de sus siropes. Pero en otros también usa el temido y denostado aspartamo.

A fin de cuentas, pues, tenemos un producto que no es mucho más barato que la versión comercial que podemos encontrar en los supermercados y que cualitativamente tampoco presenta mayores diferencias. Parece claro que su mayor atractivo, reside única y exclusivamente en su menor impacto en el medio ambiente . Y esa es la carta por la que Sodastream ha decidido apostar fuerte. Tan fuerte que hasta parece estar dispuesta a iniciar una guerra, algo sucia y,  en mi opinión, sobre todo interesada, con la propia Coca-Cola porque, ¿es absolutamente necesario para vender tu producto denostar a la competencia? Probablemente Coca-Cola es un hueso duro de roer para cualquiera y aunque muchos puedan ver con simpatía que, por el motivo que sea, alguien se enfrente a un gigante multinacional, lo que deberían preguntarse todos es si detrás de tanta denuncia y tanta proclama existe una preocupación auténtica y genuina por la salud del planeta o no es más que una agresiva estrategia de marketing de una compañía en busca de su nicho dentro de un mercado, el de los refrescos, realmente muy dominado por dos, a lo sumo tres, multinacionales y por tanto duro y difícil.

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