Estás leyendo
Entrevistas

Entrevista a Jorge Guitián, agitador gastronómico

Me planteo la divulgación desde este punto de vista: conocer, valorar, proteger

guitián1

La primera dificultad que me encontré, de hecho la única pues accedió a la entrevista inmediatamente después habérselo pedido, fue decidir qué escribir en referencia a su ocupación, como siempre hago en el encabezamiento de cada entrevista. Hasta el momento siempre había estado claro para el resto de entrevistados que eran chefs, viticultores, cocineros… Pero con Jorge Guitián (1975) la cosa se complicó. Lo fácil era escribir bloguero o blogger gastronómico, pues en calidad de tal surgió mi interés por entrevistarlo. A raíz de uno de sus últimos posts en su blog, Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo, pensé en blogger e indignado o blogger indignado,  pero tampoco me terminaba de convencer. Así que al final tomé un poco de aquí y poco de allí. Su ocupación principal son los servicios al sector gastronómico, Gastrópodos, cuyo lema es “agitadores culinarios” y, en lo que él denomina su “esfera personal”, publica un blog dedicado al mundo de la gastronomía. Así que, señoras y señores, niñas y niños, entrevista con Jorge Guitián, agitador gastronómico. Si el invento resulta una majadería, cosa muy probable, yo soy el único responsable. La entrevista, como es habitual, se realiza por email. Me da su consentimiento para que corte lo que considere, pues piensa que ha escrito demasiado. Lo dejo intacto. No hay textos largos o cortos. Sólo buenos o malos. Juzguen ustedes mismos.

Jorge Guitián es un tipo de discurso sólido, honesto, coherente, inteligente y, sobre todo, culto. Personalmente me interesan sobre todo sus artículos más arqueológicos, aquellos en los que por su formación de historiador rastrea como buen perro gastrónomo los orígenes de productos, elaboraciones y recetas, que descubre en sus viajes entre su Galicia natal y Andalucía, por Portugal e Italia básicamente, porque como me recuerda él mismo, el lema de su blog es que “comer es sólo el final de la historia”. No puedo estar más de acuerdo, porque al final se trata de eso, ¿no? De contar historias sobre gente, acerca de experiencias, productos y productores, pues al final, si no hay un relato,  algo que contar….  pues como que no vale la pena, ¿verdad?

Y acabo. En la entrevista a Oriol Ivern, confesé que fue después una comida en su restaurante, Hisop, cuando decidí que quería escribir sobre gastronomía.  Pues bien, fue después de toparme con el blog de Jorge Guitián  cuando pensé que algo que se pareciera a lo que él hacía en el suyo, quería hacer yo en el mío. Después han sido tres años buscando mi propia voz…  Sigo en ello.

Usted tiene un blog en una plataforma gratuita y en el que no hay publicidad y por lo que sé no tiene intención de que las cosas sean distintas, pero al mismo tiempo es usted un bloguero profesional activo y de prestigio, que no gana un céntimo con el blog directamente. A pesar de todo sigue actualizándolo. Para los que no estén acostumbrados con las sutilezas de la blogosfera todo esto puede resultar bastante lioso. ¿Qué función tiene su blog actualmente dentro del conjunto de sus actividades?

Bueno, yo no me definiría como blogger profesional. Más bien soy alguien que ha conseguido profesionalizar una afición de la que el blog era una parte más. Es decir, me interesa el mundo de la gastronomía y el blog me permitió asomarme a él por primera vez, reflejar mis opiniones, conocer a gente, etc. A partir de ahí surgieron oportunidades de colaborar en algún medio, de escribir algunas cosas o de participar en algún congreso como ponente o moderador. Eso me dio pié para lanzar mi propuesta profesional, pero ésta no está directamente relacionada con el blog, que nunca ha generado ingresos (ni nunca los ha buscado). Más bien me centro en la gestión cultural aplicada al sector gastronómico: estrategias de visibilidad y puesta en valor, que es lo que había estado haciendo toda mi vida, aunque antes lo hacía dentro del sector de la arquitectura y las artes plásticas.

El blog, desde ese punto de vista, sigue siendo un espacio personal. Y de ahí surge mi interés por mantenerlo libre de publicidad y sin ánimo de lucro. Si aun así es difícil en ocasiones que la gente entienda qué es parte de tu esfera profesional y qué forma parte de tu vida laboral, imagínate si además llenase el blog de banners, de patrocinadores, etc. No sé si es la estrategia idónea, pero a mi me parece un buen sistema para mantener las cosas separadas.

guitian3

Hoy en día si hay algo fácil en internet es tener un blog. En el mundo de la gastronomía han proliferado como setas, tanto los más o menos profesionales como los amateur. Como muestra Homo Gastronomicus. Por otro lado tenemos a los periodistas gastronómicos de toda la vida. ¿Tanta información puede llegar a generar demasiado ruido y al final confundir a la gente?

Yo no creo que suframos un mayor exceso de información que otros sectores. Es decir, si tenemos en cuenta el total de libros que se publican en España ¿Cuántos tienen auténtico interés? Y lo mismo podríamos decir de programas de radio, de prensa escrita de un tipo o de otro, de charlas y coloquios que hay cada día en cada ciudad… No creo que el volumen sea un problema. El problema, si acaso, está en discriminar, en que los lectores entiendan que no todo tiene el mismo valor y en que sean capaces de hacerse su propia lista de imprescindibles. Si no escuchas a cualquiera en la radio, si eres de Francino en lugar de Gemma Nierga o de Julia Otero en vez de Toni Garrido, ¿por qué no haces lo mismo con los blogs? ¿Qué te impide elegir los que te gustan, te interesan o hablan de lo que quieres oír hablar?

Cuando entramos en una librería no cogemos el primer libro que encontramos en el primer estante, porque si lo hiciésemos casi siempre nos equivocaríamos y nos llevaríamos algo que no era lo que buscábamos. Normalmente sabemos lo que queremos. Si no un libro concreto un autor, un género, una época, etc. Discriminamos. Eliminamos más del 90% de la oferta antes de empezar. Si nos interesa narrativa no vamos a por ensayo histórico; si nos interesan autores con Nobel no vamos a por fotonovelas; si buscamos a Umberto Eco no nos vale cualquier folleto de divulgación escrito por un autor desconocido. Además, sabemos que determinadas editoriales tienen un mayor prestigio y que hay autores que en principio son una garantía ¿Por qué con los blogs no hacemos lo mismo?

Hay blogs buenos y malos, con y sin ánimo de lucro, proyectos fugaces que durarán unos meses y otros que llevan prácticamente una década en activo. Hay blogs de profesionales que hablan de partes de su trabajo, otros de aficionados que cuentan sus salidas a restaurantes o sus descubrimientos de productos. Hay fantásticos blogs de periodistas, pero también de químicos, de docentes… ¿Cómo vamos a meterlos todos dentro del mismo saco?

En cuanto a la relación con los periodistas gastronómicos de toda la vida, es cierto que a veces se presta a equívoco, pero yo creo que no hay motivos para que sea necesariamente así. Ellos, cuando ejercen profesionalmente su labor, hacen un trabajo y los blogs creo que ocupan otro sitio. Pienso, por ejemplo, en lo que hacen José Carlos Capel o Pau Arenós en sus respectivas colaboraciones en medios y en lo que publican en sus blogs. Son cosas completamente diferentes, con intenciones, tonos y alcances distintos. Yo creo que la diferencia está bien clara.

Los cocineros que he entrevistado, al preguntarles por cómo ha afectado a sus vidas esta avalancha de gente, no siempre bien informada ni formada, escribiendo y sobre todo opinando sobre su trabajo, han sido siempre muy políticamente correctos, pero tengo la sensación de que trataban de ser amables. ¿Qué opina usted?

Es muy posible. Yo creo que hemos pasado ya por tres fases en ese sentido. Cuando yo comencé con el blog la mayoría de los cocineros te miraban cuando menos extrañados. No entendían qué hacías en su comedor con una cámara ni qué querías a cambio. Luego vino una época de efervescencia en la que se creó un clima de colaboración no sé si excesivo pero si mucho mayor. En aquel momento supongo que todos estábamos convencidos (cocineros y bloggers) de las ventajas de este formato y desconocíamos sus posibles lados menos bonitos. Luego todos fuimos viendo que había que relativizar, que a veces se estaba vendiendo bastante humo y que los blogs no eran ni una fórmula mágica ni el sustituto de nada.

Creo que en este momento comienza a haber un cierto desencanto por parte de muchos cocineros (como por parte de muchos bloggers). En estos años ha habido de todo, relaciones constructivas, otras que tal vez no lo fueron tanto y, sin duda, lo que ha habido es mucha gente vendiendo humo. Creo que eso es algo que hay que decir bien claro y que todos, en la medida que nos corresponda, tenemos que asumir nuestra responsabilidad en eso.

Los blogs son lo que son, tienen un cierto interés, llegan a un sector de audiencia y pueden aportar determinadas cosas. Ayudan a crear nuevas audiencias y comunidades que de algún modo refuerzan la visibilidad y la influencia de un proyecto. Pero no son la panacea, como tampoco lo son las redes sociales. Quien te venda otra cosa miente (o no sabe de qué está hablando). Creo que es fundamental que todas las partes implicadas tengan esto bien claro para que la colaboración funcione. Y, lamentablemente, no siempre ha sido así.

Al mismo tiempo, creo que es responsabilidad de todos conocer bien el alcance de las plataformas que utilizamos y manejarlas responsablemente. Y, en la medida de lo posible, no crear demasiado ruido de fondo. Un poco de frivolidad de vez en cuando está bien, pero subir una foto de un plato desde un restaurante acompañada de un simple “Wow!” como comentario no aporta nada y ayuda a vaciar de contenidos y de interés las redes. Hay que ser consciente de ello.

El excelente momento que vive la alta cocina en todo el estado español, ¿cree que ha contribuido a la proliferación de gente escribiendo sobre gastronomía y sobre restaurantes o es algo que obedece a otros factores, como por ejemplo, que la gente cada vez busca voces más independientes y está cambiando de prescriptores?

Creo que hay algo de las dos cosas, aunque tal vez más de lo segundo. Creo que hay una buena parte de la audiencia que busca otras voces y que tal vez no está cambiando de prescriptores, pero si que los está complementando. Quien leía a Rosa Rivas, a Cristina Jolonch o a Antonio Vergara seguirá leyéndolos, al menos en la mayoría de los casos, pero ¿por qué iba eso a evitar que lea, además, a Philippe Regol? Creo que la suma de las dos fuentes es beneficiosa desde todos los puntos de vista. Pudiendo tener acceso a más voces informadas y a diferentes perspectivas ¿Quién querría tener menos?

Ahora bien, eso no quiere decir, al menos en mi opinión, que cualquiera que se decida a abrir un blog se convierta en un prescriptor influyente. Si abres un blog con esa intención creo que te equivocas desde el primer momento. La influencia es algo que no depende de uno mismo. Pero de nuevo aquí pasa lo mismo que en cualquier otro sector: si un novelista empieza a escribir queriendo ser un autor de éxito y una voz influyente es más que probable que no llegue a conseguirlo nunca. Lo básico es tener algo que decir y saber cómo decirlo.

Precisamente sobre este tema, parece que hay cierta pugna entre periodistas y blogueros gastronómicos. Los primeros acusan a los segundos de querer ser periodistas sin serlo, no contrastar suficientemente las informaciones, ser unos advenedizos y que al final lo único que buscan es la mayoría de las cosas que ellos mismos achacan a los periodistas: invitaciones gratis, regalos y prebendas por parte de restaurantes, chefs y marcas. ¿Vamos a llevarnos bien algún día o no hay nada qué hacer?

Espero que nos llevemos bien algún día y que sea pronto. Aunque visto lo visto en todos estos años no tengo claro que estemos avanzando todo lo rápido que se podría, lo cual no deja de ser una lástima. La primera vez que me vi envuelto en un debate público sobre este tema creo que fue en 2007 y a día de hoy seguimos exactamente en el mismo punto, así que uno tiende a irse cansando del tema.

El problema aquí, desde mi punto de vista, es que un sector consolidado como la prensa, ve en un momento dado como llegan autores a través de un formato nuevo, que ellos en su inmensa mayoría no manejaban (no olvidemos que el primer blog gastronómico escrito por un periodista del sector es el de Carlos Maribona, abierto en 2006, cuando al menos desde 2003 había ya blogs de aficionados en marcha), y cómo parte de la audiencia empieza a prestarles más atención. El problema es que esto coincide, además, con una crisis del sector periodístico brutal y con una crisis económica todavía más salvaje que hace que, de pronto, para algunas empresas el blogger sea más económico que el periodista. Ahí es donde se desata la polémica.

Lo cierto es que es un terreno muy complicado, porque es perfectamente entendible que desde el periodismo se vean determinadas actitudes como una competencia desleal. Si tú haces gratis lo que ellos hacen cobrando ¿Quién les va a pagar? Es cierto que está el criterio de calidad, pero los pagadores no siempre lo ponen en el primer nivel de sus prioridades.

Por otro lado hay otro aspecto polémico que no facilita la solución de este desencuentro. Sé que es un tema espinoso y que tiende a levantar ampollas en cuanto lo mencionas, pero creo que hay que hablar de ello con claridad. No siempre que se nos ha acusado de intrusismo hemos estado entrometiéndonos en el terreno periodístico. Puede que algunos hayamos colaborado esporádicamente en medios, pero un colaborador no es necesariamente un periodista. Así ha sido siempre. No hay más que abrir cualquier periódico (actual o histórico) para verlo. Es algo que pasa en gastronomía, pero también en cultura, en sociedad, en deporte, en análisis político o económico. No es algo exclusivo del sector gastronómico.

Por otro lado, alguien que organiza un evento (unas charlas, una cata, un congreso), aunque sea algo que tradicionalmente han venido haciendo algunos periodistas, no tiene por qué ser periodista ni pretender serlo. Alguien que escribe un texto para un libro o que da una charla no tiene, desde mi punto de vista, por qué ser un periodista. Es más, hay gente que colabora asiduamente en prensa, y que además lo hace fantásticamente, que no es periodista. Sin embargo, todos esos son temas que han creado polémicas. Polémicas vacías en muchos casos, que no llevan a ningún lado pero que están ahí.

Finalmente, en todo ese batiburrillo, está el tema de la crítica. En mi opinión, aunque suela hacerse en medios de comunicación, la crítica no tiene por qué ser exclusivamente un terreno periodístico. Como sabes, soy historiador del arte, una profesión en la que, entre otras cosas, nos formamos académicamente para ejercer la crítica. En mi caso decidí formarme específicamente en crítica literaria y, tras licenciarme, en crítica de arquitectura, de arte y cinematográfica en talleres, seminarios y cursos de diferentes universidades, de la Unesco, de organismos gubernamentales, etc. Después, durante mi doctorado, me especialicé en gestión del patrimonio cultural y, dentro del área de museología y comisariado, dedicamos una buena parte de la carga lectiva a la cuestión de la crítica. No soy muy amigo de andar luciendo títulos por la vida, pero supongo que cualquiera se da cuenta de que, desde mi perspectiva, la polémica de si estamos capacitados o no para ejercer la crítica carece de todo sentido. Hay quien lo está y quien no. Simplemente hay que tener las herramientas precisas y la formación o la experiencia para ejercerla. No es algo para lo que te habiliten exclusivamente con el título en ciencias de la comunicación, así que creo que las generalizaciones en ese sentido son muy negativas.

Y en cuanto al tema de los regalos, las invitaciones, etc. Sí, he tenido algunas. Probablemente muchas menos de las que la gente imagina y no más, en cualquier caso, que periodistas. No veo dónde está el problema. Si tú no exiges que te regalen nada, no pides que te inviten y no haces algo que otro sector no esté haciendo no veo cuál es el problema.

En este terreno yo tengo una triple perspectiva. Soy blogger, y desde ahí he recibido todo tipo de invitaciones. Como colaborador en algún medio he recibido invitaciones también. Y te puedo decir que, si hacemos la comparación, no suele ser el blogger el que sale ganando en cuanto a los “privilegios” (llamémosles así) que le ofrecen. Por último, como profesional he organizado multitud de eventos en los que he contado con bloggers y con prensa. Sé cómo he negociado en cada caso, lo que he ofrecido a unos y a otros y, sinceramente, no veo dónde está la polémica.

Seamos claros, si como marca (o como profesional que organiza algo para una marca) quiero que venga un periodista, lo normal es que le pague el desplazamiento, el alojamiento si es preciso y que, si el presupuesto lo permite, tenga una serie de detalles de cortesía con él. Quiero que venga y que disfrute al máximo de su estancia para que se vaya con una buena opinión de la marca. ¿Por qué tendría que actuar de otra manera con otro invitado? Si está invitado es que a la marca, por el motivo que sea, le interesa. Y una vez que estamos de acuerdo en eso creo que lo que no sería profesional sería hacer listas A y listas B.

Ahora bien, si alguien quiere pedir algo especial, sea periodista, blogger o de cualquier otro gremio, habrá que hablarlo, ver si es razonable, si económicamente compensa, si es ético o llega al punto de convertirse en un chantaje y adoptar una decisión al respecto. Pero, repito, eso no es lo habitual y que alguien lo haga, desde un sector o desde otro, no creo que lo convierta en norma general.

Insisto: como blogger no creo haber tenido acceso a privilegios o invitaciones diferentes a los de cualquier otro. Y como organizador nunca los he ofrecido. Así que no entiendo de dónde viene esa polémica.

En su opinión, ¿cuáles son las principales tentaciones que un bloguero que se respete debe evitar?

Creo que hay que evitar entrar a todos los trapos que te pongan por delante. Pasado un tiempo son muchos y de lo más variopinto. Pero no creo que sea una cuestión de ser blogger o no. Más bien tiene que ver con la ética personal. Creo que hay que pensar que cuando escribes sobre algo estás comprometiendo tu nombre y tu prestigio en ello, así que conviene valorar bien si estás convencido de lo que estás haciendo o si compensa.

Desde mi punto de vista, creo que es importante dejar bien claro si estás hablando de algo porque te gusta, porque has decidido pagarlo tu, o si estás hablando porque te han invitado o te han mandado una muestra. No es que una cosa sea mejor que la otra, éticamente más defendible o más presentable, pero creo que ayuda al lector a situarse, a entender desde qué posición estás opinando.

Por esa razón a finales de 2006 acepté colaborar en la redacción del Código Cocina, que pretendía ser un pequeño código deontológico que nos autoimponíamos. Nace en aquel momento porque creíamos que había la necesidad de posicionarse en ese sentido, pero también porque ya por entonces había este resquemor hacia los blogs por parte de algunos periodistas. Hace seis años ya de aquello y lo cierto es que no hemos avanzado demasiado en ese debate.

guitian2

Sinceramente, ¿cree que el llamado boom de la cocina española y su repercusión mundial es algo más que el boom de alta cocina? Me refiero a que por desgracia, en mi opinión, no ha servido para que la gente tome conciencia de la importancia de consumir productos de calidad, ni de temporada, ni de consumidores locales, ni que demande que el pan vuelva a ser pan y los tomates sepan a tomate, por mucho que el contexto socioeconómico actual no ayude en absoluto, claro.

Estoy de acuerdo en parte. Es cierto que la sociedad en su conjunto no ha avanzado tanto en ese sentido como hubiera sido deseable. Pero es verdad también que algo si se ha avanzado. Por un lado, cada vez hay más gente interesada en temas gastronómicos y alimentarios, aunque siga siendo un porcentaje pequeño. Eso ya es un éxito. Por otro lado, si ha habido una cierta concienciación en cuanto a cuestiones de sanidad e higiene alimentaria, trazabilidad, sostenibilidad, etc.

Si que es cierto que sigue habiendo una fractura importante entre alta cocina y el consumidor final, pero es una fractura que poco a poco se va cerrando. Creo que la cantidad de libros que se publican, aun a pesar de la crisis, o el boom de los blogs son, en cierta medida, una consecuencia de ese interés creciente.

Y creo que pequeñas iniciativas que van apareciendo son también sintomáticas. Hace poco hablaba en el blog sobre una especie de tomate autóctono gallego que ha sido recuperada por una cooperativa y que ahora está en el mercado. Hace 15 años esa especie dejaba de cultivarse, ahora se recupera. Es un buen síntoma.

Queda mucho por avanzar en ese sentido. Pero creo que mirando a dónde estábamos hace 15 años y dónde estamos ahora no podemos ser completamente pesimistas.

Y más específicamente sobre la afluencia a estos restaurantes de alto nivel, ¿cuánto cree que hay de esnobismo y ganas de coleccionar restaurantes y cuánto de interés real por la gastronomía entendida como una manifestación cultural más?

Hay mucho de los dos, sin duda. El “cazador de novedades” existe. No hay más que darse una vuelta por lo que se escribe y ver en qué tono se escribe. Y lo de jugar a ser críticos también. Es algo en lo que todos los que escribimos sobre gastronomía hemos caído alguna vez. Y ahí me incluyo. Pasado el tiempo es algo que me da mucho pudor, ya que creo que exige unos conocimientos y un bagaje que no todo el mundo tiene. Por eso he optado por escribir menos sobre restaurantes y hacerlo en otro tono.

Por una parte, ya no escribo todas mis visitas a restaurantes y me centro solo en las que, por un motivo o por otro, me resultan más interesantes. Por otro lado, intento escribir mi experiencia en ese restaurante, no una crítica. Lo que intento hacer es narrar experiencias, aportando algún dato pero tratando de llevarlo siempre al terreno de lo personal. Otra cosa es que lo consiga.

Hablemos, por fin, un poco de su blog. Personalmente me gustan mucho los artículos en los que hace un poco de arqueología gastronómica, si me permite la expresión. Aquellos en los que se dedica a rastrear el origen de productos, recetas y elaboraciones, principalmente de Galicia y Andalucía, que son sus dos zonas de acción. ¿A qué se debe el interés por este tipo de temas? ¿A su formación como historiador? ¿Otros motivos?

Como decía antes, creo que los blogs tenemos que ser un complemento, tratar de ofrecer algo diferente. Y creo que en ese sentido el bagaje de cada uno es clave. Me gusta hablar de restaurantes, de cocineros, de eventos o de productos, pero soy historiador, así que en ese sentido supongo que no puedo evitar intentar situarlo todo dentro de un esquema histórico, explicar sus orígenes, etc.

He tenido la suerte de que mi trayectoria profesional me llevase a trabajar con arte de la Edad del Bronce, con arquitectura románica, con artes plásticas contemporáneas o con arquitectura del siglo XX. Y lo he hecho siempre desde el terreno de la gestión. No soy un artista plástico o un arquitecto. Mi labor ha sido siempre la de gestionar el conocimiento a través de publicaciones, exposiciones, coloquios, webs, posters, etc. Y la variedad de temas y de periodos que he tratado me ha demostrado que siempre hay hilos conductores que vale la pena poner de manifiesto. Supongo que eso me ha dado una forma concreta de ver las cosas y de manejar los datos.

En el blog tengo un lema, seguramente un tanto pretencioso pero que me ayuda a enfocar los textos: “comer es solo el final de la historia”. Ese es mi punto de arranque. Detrás de cada plato o de cada producto hay una historia, un territorio y una evolución que lo convierten en lo que es. No tener esos datos nos hace perdernos parte de lo que tenemos delante. Eso entronca con otra máxima que nos grabaron a fuego en mi época de doctorado: solo se protege lo que se valora y solo se valora lo que se conoce. Así que me planteo la divulgación desde ese punto de vista: conocer, valorar, proteger.

No hace mucho decidió abandonar un poco el comentario y la crítica de restaurantes. ¿Puede explicarnos un poco los motivos y contarnos en gastronomía que son los temas sobre los que más les gusta reflexionar?

Como te decía, creo que el valor principal de los blogs está en lo personal y en lo experiencial. Y eso es lo que intento transmitir en mis textos. Me gusta hablar de restaurantes, claro, pero siempre que me transmitan algo en el terreno personal. Para mi, en este momento, ya no tiene sentido hablar de mi tercera visita a un restaurante si no ha habido grandes cambios respecto a las anteriores. O hablar de una comida que me ha dejado frío. Intento hablar de restaurantes que me apasionan –y por suerte son muchos-, que me sorprenden o que, por cualquier otro motivo, se convierten en una experiencia que quiero recordar.

En cuanto a temas que me interesan, en relación con la gastronomía, hay infinidad. Por un lado están las cuestiones históricas, que en muchos casos no han sido suficientemente estudiadas. Al mismo tiempo, me interesan temas relacionados con el papel de la alta cocina contemporánea dentro de la sociedad actual: cómo se percibe, cómo se relaciona con otros ámbitos culturales, cómo se analiza desde los medios, etc.

Pero por encima de todo eso me gusta descubrir cosas. Y por suerte la vida que llevo me lo permite. Hace dos años que vivo parte del tiempo en Andalucía, que era un territorio muy poco conocido para mi. Eso me permite moverme, probar restaurantes nuevos, tapas, productos tradicionales, etc. Hay territorios, como la provincia de Cádiz, que son una constante caja de sorpresas en ese sentido.

Lo mismo puedo decir de otras zonas. Por trabajo me he movido en los últimos meses por toda España y por Portugal. Mi pareja es italiana, así que de vez en cuando vamos a las ciudades en las que vive su familia (Roma y Pordenone, en el nordeste). Descubres tradiciones y productos completamente nuevos, pero también cosas en común entre diferentes territorios. Eso es lo que realmente me apasiona.

Para terminar. Recomiéndenos tres blogs gastronómicos, a parte del suyo que ese ya lo recomiendo yo, que valga la pena seguir y tres libros sobre gastronomía que considere de lectura imprescindible.

Pues ya que tú recomiendas el mío y yo recomiendo el tuyo, vamos a por otros tres:

Para estar al día de la actualidad gastronómica, especialmente catalana pero también de otras zonas de España y Europa, Observación Gastronómica, el blog de Philippe Regol me parece insuperable. Es impresionante la cantidad de locales que va visitando y el cómo los analiza. Philippe es cocinero, pero además tiene una trayectoria de más de tres décadas como cliente de alta cocina en toda Europa. Y eso no tiene precio. Como te decía, me interesa por su conocimiento profundo del panorama catalán, pero es que domina también lo que se está haciendo en el resto de España, en Italia, en Francia…

Me gusta mucho La Memoria del Pan, de Iban Yarza, un blog sobre el mundo de la panadería en el que se busca recuperar la memoria de ese oficio. Panes de toda Europa, recetas, oficios en vías de extinción, relatos, etc. Me parece brillante.

Por acabar con un blog no español, tal vez Civil Eats, porque se centra en una temática que en España estamos dejando mayoritariamente de lado y que me parece fundamental: la ética de la alimentación, qué comemos, cómo lo producimos, qué impacto tiene, qué legislación se le aplica, qué intereses hay detrás, etc. En Estados Unidos hay toda una corriente de análisis crítico de lo que ellos conocen como Food Politics que me parece realmente interesante. Creo que como consumidores tendríamos que ser un poco más responsables. Y creo que los que escribimos, cada uno desde nuestra plataforma y con nuestro alcance, tenemos un papel al respecto.

En cuanto a libros, estos son tres que me parecen básicos:

  • El libro de la cocina española, de Néstor Luján y Joan Perucho. Aunque tiene ya más de 40 años y en algún aspecto puede haber sido superado, creo que es un estupendo punto por el que comenzar si se siente curiosidad por la evolución histórica de la cocina española.
  • El Sabor del Mediterráneo. El libro de cocina contemporánea que, desde mi punto de vista, lo cambio todo. Hay un antes y un después de este libro en la cocina contemporánea, tanto en técnicas como en concepción y estructura de platos, menús, etc.
Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Homo Gastronomicus en Twitter

julio 2012
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

e-mail de conatco

Para culaquier sugerencia o contacto, puedes escribir a homogastronomicus@gmail.com

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 172 seguidores

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: