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La deliciosa historia de 2000 años golosos

2000ans

Hay libros buenos, malos, del montón, divertidos, auténticos tostones, interesantes, anodinos y hasta curiosos, pero después existe una categoría de libros que son los que yo denomino, de un modo un poco cursi quizás, deliciosos. Son esos libros que aparentan no ser nada cuando los hojeas en la librería, lees el nombre del autor, te suena de algo, pero no sabes exactamente de qué y pasas sus páginas casi con desgana, pero hay algo que te impulsa a comprarlo, porque intuyes que esconden una pequeña joya. Después lo dejas junto al montón de libros que tienes pendientes y normalmente, cuando llega el momento de elegir una nueva lectura, ese libro siempre está entre las posibles opciones. Como si te llamará, es uno de los que siempre valoras como futura próxima lectura, pero, indefectiblemente, habitualmente te acabas decantando por otro. Pero todo llega y sea porqué ya no te queda más munición o porque al final te decides a darle la oportunidad que el propio libro te reclama con tanta insistencia, lo acabas leyendo. Y entonces descubres el umami, el walhalla, el séptimo cielo y el paraíso con sus setenta vírgenes y todo. No suelen ser, objetivamente, ni el mejor libro que hemos leído en nuestra vida, ni de los que nos quedan por leer, pero el gozo de su descubrimiento no suele ser comparable a nada. Libros que nos sorprenden porque no lo esperábamos, aunque lo intuíamos y por eso los compramos. Volúmenes de edición de bolsillo, de letra apretada impresa en páginas de papel marfileño, blanco sucio, que nos cuentan historias, a menudo sobre cosas pequeñas y cotidianas, sorprendentes, curiosas, desconocidas y, sobre todo, apasionantes (siempre un grado más que lo puramente interesante) que  nos cautivan porque nos revelan la grandeza y la importancia que un día tuvieron objetos, personajes, cosas que de tan comunes como se han vuelto en nuestras vidas, hemos terminado por, en muchos casos, banalizar y trivializar, pero que un día fueron de capital importancia en la historia de los hombres. Claro que todo esto acaba dependiendo de la propia ignorancia, que en el caso de quien les escribe les aseguro que es enciclopédica por extensa y variada, puesto que lo que para unos es obvio y conocido para los otros es nuevo y todo un descubrimiento, pero como ni el más sabio de los mortales lo conoce todo, aunque lo pretenda (y es que el mundo está lleno de farsantes) todos tenemos nuestra cuota de mundos por descubrir, en los recovecos más insospechados de la historia. Y los que nos los descubren son los libros deliciosos y 2000 ans d’histoire gourmande, de Patrice Gélinet, es uno de ellos.

Patrice gelinet

Pero todo libro necesita un autor y a ser posible que sea bueno. Patrice Gélinet, un antiguo profesor de Historia, empezó a trabajar en la radio en 1984 en las emisiones de France Culture, donde se convierte en productor y presentador de programas como L’Histoire en direct y Le grand débat. Anteriormente había sido periodista de Le Figaro y en la revista L’Appel. En 1997 se convierte en director de France Culture, puesto que ocupará durante dos años, e inmediatamente  después, en 1999, pondrá en marcha el programa 2000 ans d’histoire en France Inter, que trataba de diseccionar diferentes periodos históricos con la ayuda de expertos. El programa estuvo en antena hasta enero de 2011, cuando Gélinet fue nombrado miembro del Conseil supérieur de l’audiovisuel de Francia y su programa, el más podcasteado de la historia de la radio en Francia, sustituido por La Marche de l’Histoire.  Gélinet siempre ha sido un personaje controvertido, puesto que en su juventud militó en el movimiento de extrema derecha Occident y a finales de los años 60 perteneció al movimiento Action nationaliste. Gélinet, como muchos otros, no reniega de su pasado filofascista, pero considera que fue un pecado de juventud en el que cayeron muchos jóvenes de derechas de su generación. Sobre su amor por la Historia ha comentado que “hace más de treinta y cinco años que me apasiona y cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo mucho que ignoro”. Sí, todo un topicazo al más puro estilo socrático.

Supongo que muchos de ustedes habrán leído un clásico de la literatura gastronómica escrito en castellano como es El Goloso de el Conde de Sert. Bueno, pues 2000 ans d’histoire gourmande es primo hermano de este, aunque personalmente siempre prefiero el rigor de un intelectual francés, aunque sea muy de derechas, a las cuitas de un conde español, por muy de izquierdas que este se confiese o precisamente por eso. Es que no me fío vaya. De todos modos, el libro que nos ocupa es mucho menos vivencial que el de el buen conde, puesto que no leeremos las aventuras gastronómicas de un aristócrata por las mejores mesas de media Europa (sí, ya sé que El Goloso es mucho más que eso). Se trata de una obra sobre la historia y la intrahistoria rigurosa, que es lo que lo hace tan jugoso, de las especias, los usos y costumbres en la mesa, la sal, Vatel, el café, el té y el chocolate; las patatas de monsieur Parmentier y las peras de monsieur de La Quintinie, el champagne, el queso y los restaurantes. El acento, aviso para navegantes, es muy francés y seguramente no podía ser de otra manera, pero es un libro muy instructivo. Un viaje gastronómico por la historia, a través de algunos de sus momentos más hermosos.

Portada El goloso

Cómo los hombres se lanzaron a la ruta de las especias y a la búsqueda de la sal; de cómo llegó el chocolate desde México y cómo triunfó en la sociedad europea, especialmente entre las mujeres. El café de Yemen y el té de China y de los altos andinos la patata que salvó a tanta gente de la hambruna y que Antoine Parmentier mimó e introdujo en Francia, mientras de La Quintinie creaba para Luis XIV le potager du roi (la huerta real o el huerto del rey), que aún existe y es monumento nacional histórico de Francia desde 1921, en el que intentaba cultivar delicadas peras y que no era exclusivamente un jardín ornamental, que además abastecía la mesa del rey, sino que tenía una función científica de experimentación de nuevos cultivos, que después, gracias a la órdenes que el propio rey promulgaba, se convertían en indicaciones para los campesinos de toda Francia. Es lo que tiene tener una monarquía absolutista, pero ilustrada. Los estudios en botánica, horticultura, agricultura y salud e higiene pública (en el caso de Parmentier) de ambos fueron el corpus fundamental en estas materias para los que se ocuparan de ellas en los años inmediatamente posteriores. Sobre François Vatel, sabemos de él a través de su empleadores, sobre todo de Nicolas Fouquet, superintendente de finanzas del Rey Sol que terminó, el superintendente, arrestado por un tal D’Artagnan, acusado de malversación y muriendo en prisión en misteriosas circunstancias.

Pero una de las historias más maravillosa que cuenta 2000 ans d’histoire gourmande es la creación del mito de Marie Harel, la supuesta creadora del famoso queso Camembert de Normandía, que nunca vivió en Camembert y que probablemente nunca inventó, valga la redundancia, uno de los mitos nacionales franceses. Para Gélinet, Marie Harel, personaje que realmente existió, no fue más que una hábil mujer de negocios que supo por un lado dotar de prestigio a sus quesos, para nada distintos de otros que se hacían en la región, y del otro transmitir bien sus conocimientos a sus descendientes, especialmente a su nieto Cyrille Paynel, que fueron los que realmente aprovecharon el prestigio y el nombre de su antepasada, además de las facilidades que los nuevos medios de locomoción y transporte como el tren ofrecían, para forjar una leyenda mítica sobre los quesos de Marie Harel, como estrategia comercial. Según Gélinet, ya existen referencias escritas al queso de Camembert en 1708 y Marie Harel nació en 1761 e incluso en 1760, un año antes, en una obra consagrada a la historia de la población normanda de Orbec se podía leer que los quesos de Normandía eran muy apreciados y que se mandaban con regularidad a París y a toda Francia y se conocía que los de Camembert, parroquia vecina a Orbec, eran los más reputados de todos. La llegada de un estadounidense en 1926 a la región, con la pretensión de poner una corona de flores en la tumba de Marie Harel, pues sufría del estómago y durante mucho tiempo el queso Camembert había sido de los pocos alimentos que había podido ingerir y su donativo para que se construyera un monumento en memoria de su benefactora, que finalmente fue inaugurado el 11 de abril de 1928 en Vimoutiers por el antiguo presidente de la República Alexandre Millerand, terminaron de construir el mito de Marie Harel y el queso Camembert.

Y el libro es un no parar. Es como un combate de boxeo donde uno no dejara de recibir directos a la mandíbula. Una lección de historia de la gastronomía torrencial, viva y erudita.

Un apunte final. Me parece una lástima que libros como este y otros no se traduzcan al castellano. Me parece una pena que no haya más editoriales que apuesten por los contenidos gastronómicos de calidad y que los publiquen, con honrosas excepciones claro. Habrán visto, aquellos que sigan este blog, que he hablado de buenos libros escritos básicamente en inglés y francés. No es por esnobismo ni para dármelas de nada y la intención, siempre que se pueda, es hablar de libros que estén traducidos o escritos en castellano, pero en demasiadas ocasiones no es posible. Desazón sí, pero algo habrá que hacer, ¿no?

Ficha del libro

2000 ans d’histoire gourmande

Patrice Gélinet

2010 (2008)

Editions Perrin. Points. Série Histoire H419

ISBN: 978-2-7578-1403-1. 255 páginas. 7,22 euros (IVA incluido)

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Comentarios

5 comentarios en “La deliciosa historia de 2000 años golosos

  1. Mi próxima lectura. Gracias por la pista!

    Publicado por PHILIPPE REGOL | 2 mayo 2013, 2:10
  2. Dan ganas de aprender francés primero y leerlo después, bro

    Publicado por Rubén Galdón | 17 abril 2013, 10:05

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