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Deconstruyendo a Robert M. Parker Jr

Yo que al mundo del vino he llegado tarde, quiero decir a un conocimiento más en profundidad,  y que ahora me tiene absolutamente loco, siempre me ha tenido muy intrigado la figura del inefable Robert M. Parker Jr. Por supuesto había oído hablar de él y de la famosa lista Parker. Sabía que era un tipo, estadounidense, que puntuaba los vinos en una escala en base a 100 y que aquellos vinos que superaban los 90 puntos eran necesariamente muy buenos y muy caros. O eso decían. También sabía que se hacía llamar The Wine Advocate, y que tenía una web con el mismo nombre. Lo descubrí cuando el boom de los vinos del Priorat, que fue cuando personalmente me empecé a  interesar un poco más seriamente por el mundo del vino. A parte de eso poco más. Después, no hace mucho, vinieron algunas lecturas que arrojaron algo de luz sobre el personaje. Especialmente el libro de Alice Feiring La batalla por el vino y el amor. O cómo salvé al mundo de la parkerización, y a quien tuve la dicha de entrevistar en el blog. También la entrevista con Josep Roca y que también publiqué ofreció la otra cara de la moneda del personaje. Llegados a este punto, mi curiosidad sobre Robert Parker ya era tal, que hasta intenté entrevistarle, pero sin fortuna. Nunca respondió al cuestionario que le mandé o la dirección de email que me proporcionaron de buena fe no era la correcta. Lo que estaba claro era que había quien le consideraba un personaje irrepetible y crucial en el mundo del vino y había quien pensaba que era un peligro para la diversidad de estilos y que por su causa el mundo del vino se estaba globalizando o lo que era lo mismo, parkerizando.

Paris Judgment 1976Pero yo seguía teniendo dudas. Lo que yo me preguntaba era cómo era posible que alguien, un sólo individuo, que además inicialmente no tenía nada que ver con el negocio del vino, hubiera conseguido convertirse en el hombre clave del mismo, el más temido y respetado prescriptor que nunca ha tenido, y que probablemente nunca tendrá, el mercado mundial de vino de calidad. Yo quería saber cómo ese hombre fue capaz de ser tan poderoso. Y a este interrogante es al que intenta responder el libro de Elin McCoy The Emperor of Wine. The Rise of Robert M. Parker Jr And The Reign of the American Taste. Robert Parker viene de un país que hasta finales del siglo XX no era un mercado importante ni desde el punto de vista del consumo ni de la producción, aunque esto empezó a cambiar dramáticamente con las catas a ciegas  que tuvieron lugar en París a finales de mayo de 1976 entre vinos franceses y estadounidenses y en las que los primeros salieron sorprendentemente derrotados y que sumió a los productores franceses en un estado de depresión del que no salieron hasta que el propio Parker valorara la cosecha de 1982 de Burdeos como una de las mejores de la historia y de paso empezará a cimentar su poder. Pero  probablemente Robert Parker fue criado en un hogar donde básicamente se bebía, adultos incluidos, Coca-Cola y leche.

Parker se graduó en Derecho y ejercía de abogado, mientras en su tiempo libre se dedicaba a la crítica de vino, que había descubierto en un viaje a Francia años antes, cuando advirtió que allí el vino era más barato que la Coca-Cola o el café. Mientras estudiaba leyes se sintió, como muchos de sus compatriotas, fervientemente atraído por la figura de Ralph Nader y su férrea defensa de los derechos de los consumidores. De ahí y de la certeza de que en demasiadas ocasiones las relaciones entre los críticos y la industria del vino eran demasiado estrechas, nace su convicción de que la crítica para ser veraz tiene que estar orientada a los consumidores y evitar todo conflicto de intereses, cosa esta última, que como se explica en libro, no siempre consiguió y como el reciente Panchogate ha puesto de tremenda actualidad. Básicamente, e irónicamente, Parker quería conseguir que la gente no pagara un precio desorbitado por una botella de vino, ya que muchas bodegas vivían de su reputación y vendían sus vinos a precios exageradamente altos.Y digo irónicamente, pues lo que Parker trató de evitar, pagar precios altísimos por un vino, es lo que él mismo ha ayudado a provocar.

Por otro lado, su sistema de puntuación en base 100, el mismo que se utilizaba en las escuelas e institutos de Estados Unidos, y que por tanto era absolutamente familiar para el público al que quería llegar fue determinante. Hasta ese momento las críticas de vino no usaban ninguna puntuación para informar a los consumidores de si un vino era bueno o no. Había que leer las notas de cata, que podían y pueden resultar absolutamente incomprensibles y cercanas al género de la poesía y por tanto muy poco eficaces para comunicar de una forma rápida, fácil y ampliamente comprendida si vale la pena comprar ese vino o no. De esta forma la gente sabía que un vino con 89 puntos está muy bien, pero no tanto como uno de 91 y mucho menos que uno 96. Obvio, ¿verdad? Pues nadie lo había hecho antes. De aquí a que las tiendas de vino de toda América empezaran a exhibir las puntuaciones de Parker en las estanterías como medio de informar a sus clientes del potencial de su mercancía sólo había un paso. Por otro lado, este sistema de puntuaciones, dirán sus críticos, trata de objetivar al extremo algo difícilmente objetivable como es el vino y reduce a números, una cosa muy del gusto de los estadounidenses,  algo que hasta ese momento había estado íntimamente ligado a la cultura y al territorio.

Burdeos, cosecha de 1982La cosecha de 1982 cambió la vida de Parker y la del comercio mundial de vino para siempre. Todos los años, en marzo, críticos de todo el mundo se reúnen en Burdeos para lo que se conoce como catas en primeur.  Se catan los vinos que todavía están en barricas y los críticos evalúan la calidad de la cosecha que se comercializará al año siguiente. Sus comentarios condicionan los precios del vino que fijarán los negociants de Burdeos. Hay que recordar que los de los grandes châteaux de Burdeos son los vinos que sirven de punto de referencia para el comercio de los vinos de alta gama. En aquel año,ninguno de los críticos de la época, incluido Robert Finnegan, que hasta el momento era considerado el más respetado e influyente crítico de vino, concedió buenas críticas a la cosecha de 1982. Sólo un joven americano llamado Robert Parker, pensaba que la añada era excelente. Con el paso del tiempo, los vinos de 1982 demostraron que Parker tenía razón.

Y en última instancia tal y como cuenta McCoy, aunque sea en los dos últimos capítulos de su libro, las razones del éxito de Robert Parker, así como la mayoría de las críticas que recibe, haya que buscarlas en que en él se representa lo mejor y lo peor de Estados Unidos. Por un lado es un hombre con un innegable talento para la cata, pero que combina con una gran capacidad de trabajo y de perfeccionismo. Por otro lado tiene esa autosuficiencia tan estadounidense de creer que siempre está en posesión de la verdad y que le hace pensar que todas las críticas que se le hacen son por pura envidia.

Elin McCoyTodo esto convirtió a Parker en lo que es actualmente, quien además se benefició de un contexto social favorable, pues los EE.UU. de los años 70 y 80 fueron los años en los que las clases pudientes del país abandonaran el espartano estilo de vida de los 60 y abrazaron un estilo de vida más hedonista, que incluía los buenos restaurantes y el buen vino y por tanto, Robert Parker fue para ellos una bendición, pues necesitaban a alguien que les orientará sobre qué vino beber. Este cambio en el lifestyle provocó que paulatinamente el país se convirtiera en el mercado más importante para el vino y que por tanto, dirán los críticos de Parker, si el mercado más importante es estadounidense y si el crítico más importante de ese mercado es también estadounidense, cada vez más los productores de vino de todo el mundo se inclinen por hacer los vinos según el gusto de ese mercado y de ese crítico, resultando en un empobrecimiento de los estilos de vino posibles. Serían los efectos colaterales que McCoy  reconoce que tiene el hecho que Parker se haya convertido en el monarca absoluto de la crítica de vino, aunque pase sobre ellos de forma muy tenúe y, otra vez hacia el final del libro.

Así pues el libro finalmente respondió a todos mis interrogantes sobre Robert M. Parker Jr. En general es una buena semblanza del personaje, aunque haya momentos bastante tediosos y que la información relevante se vaya entregando en cuentagotas.

Ficha del libro

The Emperor of Wine. The Rise of Robert M. Parker Jr And The Reign of the American Taste
Elin McCoy

Julio 2006

ISBN: 978-0060093693
342 páginas
11,30 € (IVA  incluido)

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